14 jul. 2008

Esto fue, o esto soy.-

Santino Hanson fue sin lugar a dudas un cuentista poco entendido, probablemente el problema estuviera en que era gangoso, pero y gracias a esta inverosímil enfermedad (¿) decidió ser escritor.

Probablemente entre todos aquellos que han hecho reseña de sus obras o se han encargado de curar en forma efímera su producción literaria exista una necesidad de describirlo como un tipo un poco fumado.

Se dice que Edgar A. Poe en la reseña que incluyo en una de las editoriales del “Mensajero del Sur” lo tildo de “simple y oportunista italianucho insuflado…”, seamos justos el mentado Alan lo conocía de sus años en la escuela “Stroke Newingtong” de Londres, aunque nunca fue claro si la relacion fue de maestro (Hanson) alumno (Poe) o si acaso como se cree fuera Hanson el regente de una casa de putas que quedaba por la zona y sobre la cual muchos de los estudiantes de la aristocracia solían concurrir a “invertir” la fortuna que sus padres les dispensaban.

Volviendo al tema de los cuentos y su narrativa se ha dicho en infinidad de ámbitos académicos que tenía la facultad de desgranar el cosmos en el cual se desarrollaba la novela de tal forma que en algún punto, y aunque tal vez no fuera posible, fue el santo patrón de la novela rusa del siglo XX.

Quien sabe cual de los ámbitos manejo con mas ductilidad, solo sus contemporáneos, aunque probablemente fueran mas dichosos y bienpensantes aquellos que se beneficiaron con la casa de putas a aquellos sufrientes del mal tino de ser cuentista de aquel gangoso, y de aquellos que lo leían, pues mejor no hablar de ellos.

Como fuere, no deja de sorprenderme aquella introducción a uno de sus cuentos que reza:

…nací muerto, plenamente, la partera para revertir el asunto no tuvo mejor idea que pegarme algunas nalgadas según diría después mi madre, como tal cosa no hacia efecto, tuvo la gracia de sumergirme en un balde donde estaban embebiendo las toallas con las que aplicaban paños a la parturienta, así, sin mas y a la corta edad de unos instantes en este mundo, desperté, a sabiendas de que esto iba a ser una mierda…



De cuando los grandes nacen de pequeños instantes.