25 sept. 2011

Ni tanto, el tonto.


Mí querido Lazlo:
Debiera saber usted acerca de mi aversión a esta manera de comunicarse, no le encuentro razón de ser. Su carta no provoco en mi el mínimo movimiento intelectual, imagínese entonces lo difícil sino remoto que le resultara moverme de otra manera…
Usted lo sabe, yo ejerzo mi comunicación de otra manera, en forma física, de todo tipo y clase…
Pero noto en su condescendencia con las reglas el mote con el que podría tildarlo, aunque aun no lo hago en espera del milagro, cosa sobrecogedora si sucediera teniendo en cuenta mi agnosticismo recalcitrante.
Le voy a regalar una de mis frases favoritas, calculo haberla leído en alguna galleta de la fortuna, o el envoltorio de algún chicle, acaso un saquito de azúcar de un café negro y doble (digo esto por si conoce la misma, no la piense, no la sepa de mi autoría).
“La estupidez es el talento para la equivocación”
Creo ese fue su fuerte hasta ahora, a modo de consuelo le diría que no es estúpido, pero se equivoca sobremanera o sobre la manera cómo abordarme, montarme o quitarme de sus espectros.
Vea lo que me “hace hacer”, primero una carta, segundo escribirla a su manera, tercero perder el tiempo cuando podríamos haber entretenido los cuerpos, no con usted claro, sino con Sergei que me está ayudando a escribir estas pocas letras.
Disfrute que pa´l resto está la vida.

Sin ser suya, atte.






Podrán ustedes mortales incrédulos envidiarme la estupidez pretenciosa de colgar una carta que no corresponde al destinatario, sino al remitente, pero ese acaso sea otro de los misterios superficiales tan poco atractivos del asunto.











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(Mequedesinfotos)