12 ene. 2009

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Venia caminando distraída o tal vez justamente a la inversa, perfectamente concentrada con aquello que ocupaba su mente (nunca lo supe realmente).
Me llamo la atención el rodete que tenia, lo mágicamente desordenado que estaba, como si a tono de la situación que su garbo manifestaba aquel pelo se empeñara en crear un manifiesto de sus sensaciones por medio de ese enmarañado y sencillo atributo.
Seguramente mi vista la acompaño un par de segundos, y a pesar de ese estado de trance en el que parecía estar, cruzo esa calle, se despego del barro que envolvía todo, la inmundicia de olor que se empeñaba en hacernos saber que éramos de segunda, cruzo, y se acerco directo a mi mano, busco un gesto, acercar la suya, y cuando noto ya la falta de templante que me recorría me susurro el precio.
No están hechas para dudar esas mujeres, sean putas o princesas, nunca es el dinero lo que se necesita para que dentro una sensación espié nuestros corazones, tan profundo claman nuestros miedos y certezas, no es necesario pelear, se manifiestan cuando tienen la razón para hacerlo, dan la bienvenida a nuestro ser.
Perder la cabeza, si, tal vez, por algunos billetes a cambio? Si no queda mas remedio, la soledad tiene miedos malditos, y dulces condenas, redenciones sin pelea, todo desaparece.
-Me parece justo, atine a decir, cuando había recorrido unos pocos segundos me había arrepentido de una frase tan estupida, justicia? Quien era yo para hablarle de esas cosas, para tildar de justo o no el precio que dijera, era casi un juego el asunto, la mínima sumisión a la cual yo accedía, esa tan sencilla, la del precio, y una tan profunda como la que iba a acceder ella, la del cuerpo.
Y fue ella, Malena, la que me enseño eso en primer termino, ese día o mejor dicho esa noche, el cuerpo en esos casos no es sumiso.
Apenas rozo mi mano ya habíamos empezado a caminar hacia el hotelucho de la zona, los dos seguramente éramos habitúes y sin embargo nunca nos habíamos cruzado o era acaso que ese rodete y el semblante de hoy habían confabulado para que le prestara atención, el resto de mis días transcurridos por esa barriada la había ignorado mi vista, estado ciego de su belleza?.

Pasamos la puerta, y note el guiño que hizo al conserje, me miro el tipo con un grado de examen, la mueca,el rictus en su labio, el lado izquierdo levando minimamente y la cabeza desplazándose lentamente, note la falta de aceptación de parte de el, pero ella era la que decidía, el tipo le tenia cariño se veía y sabia la plata que me podía sacar, no era partido para una noche que recién empezaba yo, probablemente me considero una perdida de tiempo con poca ganancia de por medio.

No habíamos cambiado palabra además del susurro del precio.