21 oct. 2009

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Lo decidí, voy a adoptar un cuervo, aunque bien se que todo cuervo que se precie solo llega y no se adopta, a tal suerte y ante tal arribo no acontecido, pues lo decidí rotundamente

Adoptare un cuervo, celebrare su sagaz vuelo, afilare su pico con limas de acero, acicalara mi parco pelo en búsqueda de alguna idea perdida, hurgara entonces tal vez en alguna materia no gris, o algún piojo profeta, quien sabe si alguna garrapata no dará presente en tal situación.
Como sea lo acostumbrare o el me acostumbrar (quien sabe) a la informalidad de extender el brazo esperando su llegada tras raudo vuelo, tras hacerse presa de toda envidia de ojos razantes, entre tanta mirada perdida, de esta ciudad con tanto maquillaje berreta, porque ya podremos celebrar, cazara tantas sensaciones de corazones destrozados.

Porque todo vuelo y entre plumas negras se asemeja a la llegada de un profeta, inalterables palabras que enseñare a murmurar de su pico, y no llegara diciendo never more, o tal vez, quien sabe, de tanto desconocimiento que tengo de todo mi relación con cuervos es una mas de ese tanto todo, como sea lo acostumbrare a hablar como quien lo hace con un periko, y llegado el día mis palabras ya no me serán propias, sino mas bien será su pico quien hable, no insistiré en el asunto, se con seguridad que habrá de aprender con facilidad, al cabo mis letras no son ni tan pesadas ni tan complejas.

Seguramente empezare enseñándole un: “buenas noches...” acaso sea la primera mejor frase que podría hacerle presente, léase saludaría su llegada de tal manera, pero además seria una expresión de movilidad, porque vamos las noches son buenas, y mas si uno es cuervo calculo…


Como sea que nombre le pongo?